Unas aletas de entrenamiento bien cuidadas pueden durar años. Mal cuidadas, empiezan a agrietarse, perder color o deformarse en cuestión de meses. La diferencia no está en la calidad del material — silicona, EVA o polietileno aguantan bien de por sí — sino en tres o cuatro hábitos muy simples que la mayoría de nadadores no hace, casi siempre por desconocimiento y no por pereza.
El enemigo número uno: el cloro que se queda
El cloro (y todavía más la sal, si nadas en aguas abiertas) es corrosivo a largo plazo. Si guardas las aletas mojadas y sin aclarar directamente en la bolsa de deporte, esos restos químicos se quedan trabajando sobre el material durante horas, incluso días si no vacías la bolsa enseguida. Con el tiempo esto se traduce en grietas, zonas quebradizas y pérdida de elasticidad, sobre todo en los puntos de más tensión: el talón y la zona donde la pala se une al calzante.
El hábito es tan simple que suena obvio, y por eso mucha gente lo salta: aclarar con agua dulce en cuanto sales del agua, aunque sea un aclarado rápido bajo el grifo del vestuario. No hace falta jabón ni productos específicos — el agua sola retira la mayor parte del cloro y la sal.
El sol y el calor, el segundo enemigo
La radiación UV y el calor directo degradan la silicona con el tiempo: la vuelven más rígida, hacen que pierda color y aceleran la aparición de grietas. Esto es especialmente relevante si sueles dejar la bolsa de natación en el maletero del coche en verano, o secas las aletas al sol directo en la terraza pensando que así se secan antes. Lo correcto es dejarlas secar del todo a la sombra, en un sitio ventilado, antes de guardarlas.
Cómo guardarlas entre sesión y sesión
Aquí es donde se cometen los errores más silenciosos, los que no se notan hasta que ya es tarde:
- No las cuelgues por el talón. Colgar la aleta por la abertura del talón la estira de forma permanente, y con el tiempo pierde el ajuste ceñido que tenía al principio.
- No pongas peso encima. Si las metes en el fondo de la bolsa y encima cargas el resto del equipo, la pala puede deformarse o quedar con un pliegue permanente que afecta a su hidrodinámica.
- Guárdalas completamente secas. Guardar aletas húmedas en una bolsa cerrada es la receta perfecta para que aparezcan moho y malos olores — separa un rato para que se sequen del todo antes de meterlas en la bolsa cerrada.
- Mantenlas alejadas de objetos afilados que puedan perforar o rasgar el material durante el transporte.
El error que casi nadie relaciona con el desgaste: caminar con ellas puestas
Las aletas están diseñadas para nadar, no para caminar. Si te las pones antes de llegar al borde de la piscina y caminas unos metros con ellas —algo muy habitual, sobre todo en aguas abiertas al entrar desde la orilla— el talón y los surcos hidrodinámicos de la pala reciben una tensión para la que no están pensados, y se deforman con el tiempo. Lo correcto es ponértelas justo al borde del agua, ya en el último paso antes de entrar.
Esto conecta directamente con otro error común: elegir una talla demasiado ajustada «porque así no se sale». Un ajuste correcto —ceñido pero sin forzar— no solo es más cómodo, también evita que el talón se estire de forma prematura al ponértelas y quitártelas repetidamente. Si tienes dudas sobre qué talla te corresponde, sobre todo si vienes de una marca a otra, échale un vistazo a nuestra guía completa sobre cómo elegir la talla correcta de tus aletas de natación.
¿Cuánto deberían durarte unas aletas bien cuidadas?
No hay una cifra única —depende de la frecuencia de uso y del material— pero con estos hábitos es razonable esperar varias temporadas de uso regular antes de que empiecen a mostrar signos claros de desgaste: pérdida de flexibilidad, grietas visibles en los pliegues, o un ajuste que ya no es tan ceñido como al principio. Cuando notes cualquiera de estas señales de forma clara, es momento de sustituirlas — seguir usando una aleta agrietada no solo rinde peor, también aumenta el riesgo de que se rompa en mitad de una sesión.
Resumen rápido
- Aclara con agua dulce después de cada sesión, sin excepción
- Sécalas a la sombra, nunca al sol directo ni cerca de una fuente de calor
- Guárdalas planas, sin peso encima y sin colgarlas por el talón
- Nunca camines con ellas puestas fuera del agua
- Revísalas de vez en cuando en busca de grietas o pérdida de elasticidad
Estos mismos cuidados aplican tanto si usas unas aletas cortas de entrenamiento como una monoaleta — el material y los puntos de tensión son muy similares en ambos casos.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar jabón para limpiarlas a fondo de vez en cuando?
Sí, un jabón neutro sin perfumes con un aclarado posterior abundante es seguro de forma ocasional. Para el mantenimiento diario, el agua sola es suficiente y más seguro para el material.
¿El agua caliente estropea las aletas?
No es recomendable. El calor, venga del sol o del agua caliente, acelera el envejecimiento de la silicona y otros materiales elásticos. Usa siempre agua fría o templada.
¿Es normal que las aletas huelan mal con el tiempo?
Si aparece mal olor persistente, casi siempre es por guardarlas húmedas. Un lavado con agua y jabón neutro, seguido de un secado completo a la sombra, suele solucionarlo.
¿Merece la pena comprar una bolsa específica para transportarlas?
No es imprescindible, pero ayuda a mantenerlas separadas del resto del equipo mojado y evita que objetos con bordes cargue peso encima de la pala durante el trayecto.
